Desde
que el hombre aparece en la historia del mundo, surgen necesidades propias de
cada generación focalizadas en la búsqueda de subsistencia, a través de
técnicas de la caza, pesca, agricultura y el respeto a la naturaleza, puesto
que la convivencia con el entorno natural, es una de las enseñanzas
predominantes para tratar de mantenerse el equilibrio frente a las necesidades
del hombre y la superación de sus beneficios sociales.
En el marco de la sustentabilidad ecológica, afirma Pérez (2007), que su objeto de estudio se enfoca hacia las características de los ecosistemas esenciales para la supervivencia a largo plazo, por lo tanto se ha de visionar las condiciones de interrelaciones equilibradas con los demás seres vivos, al vincular en el medio circundante de las instituciones educativas, un marco inteligible de respeto y convivencia con el hábitat como práctica indispensable de la homeostasis y desarrollo futuro de la humanidad. No obstante, las prácticas del buen vivir, bajo la apropiación vigilante del medio natural, en términos de una visión integral de desarrollo y supervivencia, es un icono que atrae el ideal impostergable de la educación ambiental.
En el marco de la sustentabilidad ecológica, afirma Pérez (2007), que su objeto de estudio se enfoca hacia las características de los ecosistemas esenciales para la supervivencia a largo plazo, por lo tanto se ha de visionar las condiciones de interrelaciones equilibradas con los demás seres vivos, al vincular en el medio circundante de las instituciones educativas, un marco inteligible de respeto y convivencia con el hábitat como práctica indispensable de la homeostasis y desarrollo futuro de la humanidad. No obstante, las prácticas del buen vivir, bajo la apropiación vigilante del medio natural, en términos de una visión integral de desarrollo y supervivencia, es un icono que atrae el ideal impostergable de la educación ambiental.


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